6. La Cultura y el ingrediente principal de esta sopa llamada “Viaje a Alemania”
Después de hablar del Muro y de la división cultural de Berlín, cómo no seguir hablando –esta vez más profundamente- de la cultura que la rodea. Así pues, el presente texto abordará la multiculturalidad de esta ciudad tan internacional y algunas de las cosas que he vivido o he observado como consecuencia de esa riqueza cultural.
En el presente texto desarrollaré dos puntos. Inicialmente (1) hablaré de mis clases de alemán, enfatizando en las personas de tan diferentes culturas que han estado conmigo y de algunas anécdotas memorables que quisiera compartir; para después (2) referirme a lo que yo llamaría “establecimientos culturales”; entendiendo esto como museos, teatros, galerías, casas de ópera, filarmónicas, etc.
1. Mis clases de Alemán y tres anécdotas que definitivamente merecen ser contadas
Mis clases de alemán se convertirían desde los primeros días en Alemania, en una de mis más grandes motivaciones y aspectos que le darían sentido a mi viaje.
Además de mis labores en la Embajada y la experiencia que esto pudiera brindarme para mi cercana vida profesional; sin duda alguna la posibilidad de perfeccionar y mejorar mi alemán siempre fue –y sigue siendo- un aliciente inmenso.
En estos meses ya he compartido con 3 grupos diferentes, compuestos por personas de todo el mundo. Cuando entré por primera vez al salón de clase y me di cuenta que estaba rodeado por personas tan, pero tan diferentes a aquellas con las que estoy acostumbrado a compartir; supe que no podía desaprovechar la oportunidad y que tenía que aprender algo de cada una de ellas y en lo posible sostener, como mínimo, una conversación acerca de sus culturas, sociedades, regímenes políticos o religiones.
Las clases siempre se han desarrollado en un contexto de aprendizaje donde, a pesar de ser el alemán el protagonista, las culturas diferentes de cada estudiante enriquecen los debates y brindan una visión más amplia del mundo y las diferentes sociedades, una visión que desafortunadamente ni un museo ni un libro pueden explicar. Entonces ¡¿Cómo no voy a incluir mis clases dentro del presente escrito dedicado a la cultura?! Creo que si he aprendido de otras culturas es gracias a mis clases de alemán.
En el transcurso de los días y las clases sucedieron incontables anécdotas y conversaciones que me enseñaron algo. Sin embargo, hay tres pequeñas anécdotas especiales que quisiera compartir.
a. La historia de la rusa. En medio de una clase en la que se estaba hablando de términos económicos básicos, la profesora intenta explicar qué quiere decir “Steuern”. Para obligar a los estudiantes a pensar en alemán y evitar el uso desmedido de los diccionarios, explica, con sus palabras, que son aquellos dineros o porcentajes que los ciudadanos de un Estado deben pagar. Que existen diferentes “Steuern” y que sirven para el mantenimiento del Estado y el cumplimiento de sus obligaciones. Fue entonces cuando comprendí que hacía referencia a <<impuestos>>. Después de esto, para asegurarse que el concepto había quedado claro, preguntó al curso para qué servían los “Steuern”.
En medio de las múltiples intervenciones, la rusa (una mujer ya de edad –pongámosle 45-, pelinegra, ojiazul y con facciones profundas, pero finas) con voz fuerte y decidida, con una “R” más fuerte de lo normal (como la de su madre patria) afirmó: “Para repartirlos al pueblo y que los pobres sean menos pobres y los ricos menos ricos, pero no para que se lo queden los políticos”.
Claramente, en un segundo, con una sencilla frase reveló -a mí parecer- dos cosas: (1) que cree en los fines perseguidos por los principios de justicia igualitaria y distributiva; y (2) que a pesar de creer que los fines son loables, sabe que el gran problema está en los medios. Palabras más, palabras menos… Que quienes se encargan de repartir, no reparten tanto como recogen.
Al final de la clase y camino al metro, tuve la oportunidad de hablar con ella 5 minutos y preguntarle sobre la política de su país; a lo que me respondió con dos palabras (casi como una sola): Corrupción asquerosa.
b. La historia de la china. En otra clase, mientras hablábamos de las elecciones, las campañas, los partidos políticos en Alemania y la forma del gobierno federal alemán, la profesora hablaba de los diferentes partidos políticos. Explicaba cuáles hacían parte de la coalición de gobierno y cuáles de la oposición. Al respecto y a manera de (paréntesis) debo decir que acá en Alemania –ya se imaginarán el porqué- la oposición es fuertísima y la mayoría de partidos son, real y prácticamente, de oposición al gobierno de turno.
En medio de la conversación, Rui, una niña de China –pongámosle 19 años- (que de verdad parece sacada de una serie de animé o manga) con sus gafas grandes, sus dos trenzas perfectas y sus leggins de mil colores, levanta la mano y a continuación del consentimiento de la profesora, pregunta: Disculpe profesora, es que he pensado y pensado, pero no entiendo qué quiere decir esa palabra “oposición”.
Quizás nadie en el curso le dio importancia, porque es normal que alguien no entienda un término en alemán y pregunte nuevamente su definición. Sin embargo yo creí saber, que la imposibilidad del entendimiento de la palabra “oposición política”, para una persona de la China, no radica en la diferencia lingüística, sino en la diferencia cultural y política que rodea dos realidades tan diferentes.
Cuando la profesora terminó de explicarle qué quería decir con “oposición”, me volteé a mirar a Rui, y supe al instante, que había “algo” de ésa palabra y de ése concepto que en su imaginario de política y gobierno, no cuadraba y por ende, no entendía por completo.
¡Aunque claro! yo creo entender el concepto, pero sólo es necesario ver el gobierno del Presidente Santos, para saber que un niño colombiano como yo, que viviera toda su vida en un régimen así, tampoco entendería –como Rui- eso de “oposición”.
c. La historia del palestino. Era una clase en la que se hablaba de la forma gramatical pasiva en el pasado. Mientras se decían y explicaban frases como “el continente americano fue descubierto por Cristóbal Colón”, “la penicilina fue inventada por Julián Niño en el año 1910”, la profesora quiso asegurarse que todos los conceptos, por más fáciles que fueran, eran entendidos. De tal manera que preguntó, para confirmar su percepción de entendimiento generalizado; cuáles eran los “continentes” de la tierra. A eso, mientras se oían varias y diferentes voces provenientes de todos los rincones del planeta, voces que luchaban por hacerse escuchar y que se estrellaban en los oídos de los presentes con palabras como “América”, “Asia”, “África”; resonó una que por su disparidad e inesperada contundencia marcó el silencio de las demás: “¡¡Palestina!!”, gritó un joven palestino que se sentaba a dos filas mías.
Días más tarde comprendería que el grito además de demostrar su amor por Palestina y su nacionalismo exaltado (de considerar su patria no sólo como un páis sino como un continente entero) tenía también otro objetivo. Había un joven judío israelí, sionista, en el salón.
Además de estas tres anécdotas y otras muchas que por la extensión de las mismas no podría contarles por este medio, las clases me brindaron la posibilidad de comunicarme interculturalmente en distintos idiomas. Así, me tomé el trabajo de preguntar algunas frases de presentación en cada idioma para que cada día, pudiera saludar a la gente en su idioma nativo como simple forma de cordialidad, respeto e interés por su cultura. Si bien eso lo podía hacer con un traductor, creo que lo interesante del ejercicio fue compartir con las personas y hacerles escribir en mi libreta cómo se decía “Hola, cómo estás, bien gracias, me llamo Julián” en sus respectivas lenguas.
Como algunas cosas son simplemente imposibles de transcribirse, decidí tomarle la foto a dos hojas de la libreta para ponerlas y compartirlas con ustedes.
2. Los establecimientos culturales de Berlín.
Y si hablamos de cultura, lógicamente deben mencionarse los establecimientos culturales. Por estos entiendo todos los lugares que oficialmente promueven la cultura, cualquiera que sea.
Y es que si Berlín tiene algo impresionante es que es una ciudad que promociona constantemente la cultura, tanto alemana, como mundial. Sólo para hacerse una idea: En el centro de Berlín existe una isla (sí , una isla) que se llama “Museuminsel”. En ella, como ya podrán imaginarse, se encuentran sólo museos.
Mi visita a la isla fue una de las primeras cosas que hice en mis fines de semana culturales. La verdad estuve todo el día entrando y saliendo de museos (desde las 8:00 am hasta las 6:00 pm) y no pude terminar de ver todo lo que había en la isla.
Además, Berlín tiene museos de otras muchas cosas por fuera de dicha isla (sin mencionar que la ciudad en sí misma es un museo por aquello del muro). Tiene algunos únicos y muy interesantes. Desde un museo del búnker de Hitler, hasta uno de videojuegos o de “letreros”.
Quién podría imaginar que existe un museo de letreros… pues bueno, aquí se encuentra. Y está un letrero de la antigua Alemania soviética o un letrero del lanzamiento oficial en cine de Titanic.
De igual manera, el museo de videojuegos (al que espero ir pronto), además de ser museo sirve como plataforma multijugadora de miles de consolas y videojuegos –desde Tetris y Cumputer Space hasta PS3 y sistemas de realidad virtual-.
Algo que me ha impresionado muchísimo es que en TODOS los lugares, hay descuento para estudiantes. Y lo mejor es que siempre me dan descuento incluso con mi carné en español que dice “Universidad del Rosario”, con mi foto borrosa y hasta roto.
Y es que además de los establecimientos y las exhibiciones permanentes, la ciudad se preocupa por realizar constantemente nuevos eventos y exposiciones. Hace poquito hubo algo que se llamó “Lange Nacht der Opern und Theater”. Un evento magno que a pesar de ser inmenso y maravilloso, extrañamente nunca vi un solo cartel que lo promocionara. Afortunadamente Lena mirando en una página sobre turismo en Berlín lo encontró. Dicho evento que traduce “Larga noche de ópera y teatro” consistió en un evento anual en el que las personas pagan una boleta (10 Euros si se es estudiante) y con ella se puede entrar a TODAS las obras de teatro, ópera y conciertos que hay en Berlín en esa noche. Y claro, al comprar la boleta entregan unas guías que muestran todas las obras, conciertos y exhibiciones que se pueden encontrar. Como si fuera poco, la boleta incluye la posibilidad de usar el transporte público de Berlín y además los distintos buses especiales adecuados para cada una de las “rutas” propuestas por el programa del evento. Existían 10 Rutas recomendadas (es decir 10 buses que pasaban cada 10 minutos en cada una de las paradas de cada una de esas rutas) que incluían más de 100 destinos, obras y conciertos en esa noche.
Cuando me di cuenta de la magnitud del evento me sentí culpable por no haber tenido el programa un poco antes y haber pre-escogido los mejores destinos. Sin embargo, a la carrera logramos organizar una ruta propia y estuvimos en cuatro cosas muy diferentes: Una obra de teatro cómica, una de ballet, una de malabares y jóvenes artistas y una de música clásica en uno de los recintos más importantes y grandes de Berlín (Konzerthaus en Gendarmenmarkt). Todo, por 10 Euros.
¡Ah sí! y para “rematar”; la boleta del evento incluía una fiesta a las 2:00 am en un club exclusivo de la ciudad, donde se celebraría la finalización –o inicio para algunos- de la “larga noche”. En este punto aclaro que para mí no fue ni inicio ni finalización, porque siendo tan aburrido como siempre, no fui a la fiesta.
3. Conclusión
En el presente texto abordé tanto los recintos que promueven la cultura, como algunas experiencias tenidas con las personas de diferentes culturas. Dos puntos que sin ser iguales están completamente relacionados y han enriquecido mi viaje.
En conclusión, creo que la riqueza cultural de mi viaje radica no sólo en los museos o lugares que pueda visitar, sino en las personas que pueda conocer y las diferentes culturas con las que pueda compartir. Esas personas que he conocido y que conoceré son, sin lugar a dudas, el ingrediente secreto de este viaje, el caldo Maggi que mágicamente le da sentido y sabor a esta sopa llamada Viaje a Alemania.
Con cariño,
Juli

