← Volver al archivo
Reflexiones

Tengo que escribir, pienso

Julián Arturo Niño Mejía · · 10 min en español

Suena “Don de Fluir” en la versión magistral de Celso Fonseca y Jorge Drexler. “Quisiera verte girando, girando, mirándome mirar“. Es tarde: son las 11:20 de la noche de un jueves y yo sé que tengo una deuda conmigo mismo. Una deuda con Julián y con quienes de verdad les gusta leerme (con que sean dos personas compuestas por mi mamá y mi papá ya me conformo). No me aguanto. Ni siquiera termino de comer cuando la idea me salta encima de la cabeza, como agua que cae de catarata. Tengo que escribir, pienso.  Y tiene que ser algo en español y en inglés. Así practico (porque sí que lo necesito) y de una vez expando el círculo de lectores. Sí, de una. Pues la embarraré, pero qué le hacemos. Así se aprende ¿o no?. Y por lo de los lectores, pues… así sea uno más, algún loco que convenza o que me agregue por facebook, ya me siento contento. Mejor dicho, con que ese loco que lo lea en inglés no sea nadie más que yo, ya está perfecto. Mejor, así no ven si cometo algún oso con algún conector o con una preposición indecente.

Estiro el brazo y, con mi impaciencia de siempre, agarro el computador de mi maleta. Lo saco con cuidado, pero con afán. Con una torpe, casi que de chiripa, destreza. Tremendo oximorón, pienso. Me río. Muy tonto. Hasta pretencioso. Pero qué importa, ojalá el Maestro Borges pudiera leer algo tan mal ejecutado por alguien que osa usar su estandarte. Quizás me diría -como dijo alguna vez en Buenos Aires cuando ya la ceguera lo había poseído- que estoy muy mal en el uso del término preciso -¿o era preciso del término?-. Que digo mucho, pero no digo nada. ¿será? ¿O quién quita?… ¡Depronto me diría que somos dos los ciegos!

En fin. Basta de soñar con sueños indolentes. Hace frío en Berkeley. Me doy cuenta que el verano es solo para el día y nada más que para él. “¿Para él de él?” No suena nada raro, suena muy lindo. Me imagino el matrimonio que contrajeron el calor y el sol. Ese matrimonio que, aunque pareciera lógico, no lo había visto. En Berkeley los he visto a los ojos y de las manos. No sé si así sea toda California, pero seguro algo así debe ser. Scot me dijo que San Francisco es igual: no hay noches calientes. Igual, el alternativo ricachón San Francisco y la hippie Berkeley. También esos de las manos.

En fin. Basta de ambientar. Al grano: ¡¡¡estoy en EEUU, carajo!!!… jajaja, perdón por el tono juvenil y agudo, pero es que no puedo creerlo. El lunes 13 de agosto empieza, por fin y oficialmente, mi maestría (nada menos que un sueño hecho realidad). Y cómo no celebrar mi última semana del limbo con una entrada en mi Blog. ¿Cómo no celebrar el fin del limbo? Ese tiempo del oceano revuelto del espacio y el tiempo. En el que fui y no fui abogado y estudiante. Al mismo tiempo todos cuatro. Después de 7 años vuelvo a las letras y a la publicación de lo que pienso, de mi forma de escribir. De esta que es muy diferente a aquella. Pero qué más le hacemos. Uno cambia y las formas de pensar también. Las formas de ver la vida. Los radicalismos insostenibles, por ejemplo. Algo tiene este lugar, pienso.

Llevo tres semanas recopilando información, intentando entender un poco el mundo como lo entiende esta gente. Estos seres humanos creados -¿o criados?- en otros universos. Me da miedo caer en las generalizaciones, especialmente en las indebidas. Me da pavor crear prejuicios. Meterme en piscinas que me ahoguen. Me aterroriza ser un ciego que solo ve lo que quiere ver. Pero bueno, ni más. Quizás me equivocaré, pero así lo veo yo.

Hoy solo voy a hablar de uno que, aunque parece defecto, es un poder. El miedo. Sí. Me parece que en Estados Unidos el miedo está en muchas partes. En este país se respira miedo, pero no sé por qué. Es un miedo casi que emocionante, como de película. Entiendo por qué esta sociedad ha creado la industria del cine más impresionante que existe. ¿Quién más puede haber hecho realidad tantos sueños de tantos y meterlos en cintas fílmicas para reproducirlas cada vez que quisiéramos? Acabo de llegar del “Museo de Arte y Archivo del Cine Pacífico” (BAMPFA) y en la exposición permanente hay, entre muchas otras obras, una película. Que no es otra cosa que un sueño de un ciudadano que se ganó un premio y le grabaron su “sueño más inusual”. ¡Y uno ve lo que esa persona estaba soñando! Seguro no es exactamente igual, pero es porque en realidad no puede serlo. Nunca podría ser algo en este mundo exactament lo mismo que él vio, porque ya no sería lo de su mundo, así que, por simple definición, ya no sería lo mismo. Tiene que traducirse a un lenguaje universal… ¡Y estos manes lo hacen! Qué genios.

¿Qué clase de estructura mental debe tener una sociedad para lograr materializar, en lenguajes universales, las fantasías y los sentimientos más profundos? Y no me refiero a Hollywood únicamente. Me refiero también a nóbeles de literatura, a artistas en general. Crean y se meten en las películas que crean. ¡Hay que aprenderles! No sé si sea el miedo una potencia, un motor, o una malinterpretación. Pero me parece que respira.

Sí. Siento que hay algo muy grande acá. No sé si sea el miedo, o la libertad, o ambas. No sé si oprime o libera. Oprime en un sentido físico del término, como un amigo presionándote el pecho. Aún no entiendo si sea para asfixiarte o para consolarte, o para darte energía que no has tenido. Quizás nunca lo entienda. Llego a la conclusión de que es una tierra poderosa, en todo caso.

Pienso en las enseñanzas que me han dejado estas primeras tres semanas. En todo lo que he leído y aprehendido en el día a día. Pienso en esos tantos inmigrantes que han sufrido, pero al mismo tiempo han querido permanecer o aprender de esta tierra. Yo solo soy otro más de los tantos de millones que ha querido aprender algo, lo que sea, de acá.

Y es que no deja de sorprenderme cómo este lugar es un imán para inmigrantes. ¿soñadores? ¿luchadores? ¿perdidos? ¿materialistas? ¿utópicos? no sé. Aún cuando los gringos han hecho mucho en la historia por evitarlo, o incluso reversar esas oleadas de migración, los inmigrantes seguimos llegando. Y es que para la muestra un botón. Cuatro grupos, rápido, se me vienen a la cabeza en la historia de EEUU: los mexicanos, los chinos, los japoneses y los negros. Perdón por la referencia casi que discriminatoria, pero también hago uso de la histórica discriminación de la etiqueta. Nos han clasificado, como de identidad, con eso falso y construido que llamaron “raza”. ¿No es racista preguntar la “raza”? En fin… pienso en esos cuatro grupos, que se diferencian dizque por “la raza”.

Pienso en la China y en los chinos. El occidente fue a cambiar a China y en su intento fue cambiado por ella, como le pasó primero, en el siglo XVII, a los Jesuitas (Spence, 1969). Algo que hoy en día le sigue pasando a todos los que no se dan cuenta de la actitud de aprendizaje de China y a su sincero interés por ver el mundo con otros ojos (¡gracias por las enseñanzas, Larry!). Pienso en esos chinos que se aventuraron a un mar de incógnitas y de nuevos mundos y viven, a pesar de todo, su vida acá, queriendo aprender cómo navegar en este tormentoso occidente. En el mundo de la teoría, sin duda Yen Fu fue el principal filósofo que, a comienzos del Siglo XX, quizo aprender del mundo que ven “los occidentales” (Schwartz, 1964). Y en el mundo de la realidad, no lo sé, pero puedo traer un ejemplo: Fui hace poco (y a las 2 am) con Juan Sebastián a Sam Wo, el restaurante chino más viejo de San Francisco. Fue construido en 1906, después del terremoto, y ahí sigue. Se ha mantenido. Generaciones de imigrantes (que ahora seguro serán americanos) soportando el implacable paso del tiempo.

Pienso en los mexicanos que sacaron de aquí después de la gran depresión, en los 30’s y 40’s, bajo la consigna eufemística de la “repatriación”. Aquellos mexicano-americanos que, incluso habiendo nacido en este país, por ser lo que sus abuelos o padres eran, no merecían esta tierra. La ciudadanía era más una cuestión cultural que un status legal (Silverman y Glover, 2012). Lo irónico es que esos Mexicanos les habían enseñado a obtener metales preciosos en la Fiebre del Oro, y esos mismos les solucionarían durante la segunda guerra mundial el problema de mano de obra. Falta de gente en las fábricas de guerra y en los campos. Todo solucionado con la “importación” de mexicanos, producto del programa bracero.

Pienso también en los japoneses. Esos que, al mejor estilo nazi, sacaron de sus barrios para llevarlos a campos de concentración.

En San Francisco, el epicentro del holocausto japonés fue uno: el barrio “The Fillmore”. Para los que quieran, les recomiendo esta película (Scot: ¡Gracias por todo!) que explica los ires y venires de ese barrio. Centro de San Francisco después del terremoto de 1906. Barrio de todos los seres humanos y, después, con presencia de japoneses principalmente. Después, barrio de negros y de Jazz. Y después, barrio estigmatizado por el racismo de las renovaciones urbanas. Y ahora otro barrio.

En fin. Volvamos al punto: qué fortaleza y determinación la de los japoneses. Incluso contra el miedo. 120.000 japoneses fueron desplazados (solo 92.000 eran de California). No importaba que fueran “Americanos”, nacidos en EEUU. Se los llevaron, como una noche de los cristales rotos. Mejor: de los Shoji destruidos. En fin, se llevaron a todos los de “ascendencia japonesa”, porque eran una “raza enemiga” (Silverman y Glover, 2012).

Pienso también en los negros desplazados y víctimas del racismo subrepticio, pero latente, de este país. Creo que es una sociedad que tiene un problema muy fuerte y muy pesado (el racismo), pero es también una sociedad que, al menos desde la institucionalidad, lucha de frente contra él. Que lo ataca y enaltece a quienes se resisten a aceptar la discriminación. Hace una semana estuve en el Museo de Oakland de California y vi la exposición de Hip Hop “Respect”). Muchas cosas me sorprendieron gratamente, pero entre ellas, la más obvia: que el hip hop se reconociera en un museo. Qué más cultura que la cultura de la calle. Que la cultura que crea la cultura. “Hip es el conocimiento, Hop es el movimiento” (Hip is the knowledge, Hop is the movement), dirían KRS-ONE y Marley Marl en la canción “Hip Hop Lives“.

Creo que en Colombia nos falta mucho de eso. Nos falta reconocer la cultura de la cultura, de la calle. Y también nos falta fortalecer nuestras instituciones. Creo que nuestra sociedad no tiene aún la mayoría de edad. Esa que otorga tanta libertad, tanta responsabilidad, tanto poder. Ojalá algún día combatamos ese clasismo y ese doble-moralismo con la unión, alegría y pasión que nos identifica. Desde las instituciones. Esas que superan credos y dogmas.

En fin. Mi mente me juega siempre. Me saca del punto. Lo que quiero decir es que pienso que a pesar de todo eso, acá están, acá estamos. Chinos, mexicanos, japoneses, negros, blancos, colombianos, amarillos, rosados, pepitos y lo que sea. Acá estamos. Acá estoy. Aprendiendo de ellos, aprendiendo de mí. Seguro esta tierra tiene algo muy profundo que enseñar. Por algo tantos la confrontan, la persiguen, le huyen, la celan, la protegen. Tengo que escribir, pienso. Vuelve a sonar “Don de Fluir” y son las 2 de la madrugada.


Benjamin Schwartz. In Search of Wealth and Power: Yen Fu and the West. Cambridge: The Belknap Press of the Harvard University Press. 1964.

Victor Silverman y Laurie Glover. On-the-road Histories: California. Northampton: Interlink Books. 2012.

Jonathan D. Spence. To Change China. New York: Little, Brown and Company. 1969.

Fillmore (a KQED production). 1999. Online version: https://vimeo.com/146409225.

Oakland Museum of California: http://museumca.org

UC Berkeley Art Museum and Pacific Film Archive – BAMPFA: https://bampfa.org



Publicado originalmente el 10 de agosto de 2018 en Pensadero de Julián ↗. Se conserva el texto de la publicación original. Las versiones en español e inglés fueron escritas por el autor.