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Cuentos

El eterno idilio de la sombra

Julián Arturo Niño Mejía · · 5 min en español
Texto original · Español

Las sombras, al igual que la mayoría de los seres humanos, están condenadas a vivir en el anonimato y en el interminable ajetreo de una vida tediosa y repetitiva. Y si bien como esta existen muchas otras coincidencias entre sombras y humanos, el mundo de las sombras es muy desconocido para nosotros.

Ahora, más allá del tema genérico del mundo de las sombras y las incontables diferencias que no me detendré a explicar (pues podría demorar una eternidad y muy posiblemente no se entienda) debo entrar en materia y hablar de lo que realmente me preocupa actualmente: la historia de la sombra de Nalú.

Nalú era un hombre realmente agraciado, inteligente y sobre todo muy buena persona. Un hombre digno de admiración y un ejemplo a seguir al interior de su comunidad. Podemos decir que muy pocas personas y sombras podían tener alguna queja de su comportamiento o algún reproche por su, quizás inconcebible, mala conducta.
Su sombra, la “sombra de Nalú” como era conocida, era muy parecida, pero -a diferencia de lo que creen los seres humanos- no “igual” a él. Si bien tenían una figura y una silueta semejantes, como es natural entre las personas y sus sombras, eran dos entes diferentes (o al menos, en ese tiempo eso se creía) con diferentes sentimientos y diversos puntos de vista respecto de sus vidas.

La sombra de Nalú conocía cada detalle de la vida de él, cada movimiento lo conocía a la perfección. Se puede decir que Nalú era su razón de ser, su existir. Todas las mañanas después de la oscuridad, cuando la luz llamaba a la sombra de nuevo, ella ya estaba atenta y miraba a ese hombre como algo más que un ser humano… Lo miraba como un dios, único, irrepetible. No perfecto, pero imperfectamente bello… Sí. La sombra de Nalú estaba enamorada de su mal llamado “Dueño”.

¡Eso era algo que nunca algún ser, fuera humano o sombra, pudiera haber imaginado! Se salía de todo entendimiento. Cualquiera que conozca a las personas y a las sombras, sabe que estas le deben obediencia y lealtad a aquellas, pero nunca amor. De hecho todos sabemos que no puede existir tal sentimiento entre ambos mundos. Las sombras deben amar otras sombras y los seres humanos deben amar otros seres humanos, pero nunca entre estos y aquellos.

Todos los días, la sombra imaginaba cómo sería ser humano y poder expresarle su amor a Nalú, cómo dejar de ser sombra y poder amar. Con estos agobiantes sentimientos, La Sombrade Nalú vivía y se sentía incompleta… Quería tener tres dimensiones, quería salir de un mundo en blanco y negro y poder diferenciar otros colores… Quería poder sentir, tocar, besar y abrazar a Nalú (verbos impronunciables por una sombra).
Desesperada de su incompleta y casi que miserable existencia, decidió acudir al espíritu de la luz. Él seria el único capaz de convertir a la sombra en un ser humano y así poder vivir a su lado. Así las cosas, en una noche cuando la oscuridad se posó sobre Nalú, y la sombra quedó libre decidió ir a hablar con aquel espíritu.

Sin espera, se dirigió al espíritu de la luz y le contó todo, le abrió su bidimensional corazón y le pidió que le concediera su deseo… – ¿¿Que te convirtiera en un ser humano?? ¿¿que te de de un cuerpo tridimensional?? Pregunto incrédulo e impresionado El espíritu de la luz, pero no obtuvo respuesta alguna, ni un gesto por parte de la sombra. Silencio que demostró la seriedad de la demanda.

Al analizar el increíble y extraordinario caso, extrañado y curioso al mismo tiempo, el espíritu le contó todas las posibles implicaciones que habrían si su deseo se cumplía. – Y debo hacer énfasis en la palabra <<posibles>>, pues el caso de la sombra de Nalú era algo nunca antes visto y no se sabía a ciencia cierta qué pasaría-. El espíritu de la luz, en su inimaginable, pero finito conocimiento le explicó que muchas cosas podrían cambiar si todo salía según ella lo imaginaba. Cambiaría por su puesto su forma, su nombre (le sugirió el nombre Luna, el cual fue aceptado casi automáticamente) y naturalmente otra sombra tomaría su actual lugar y sería la nueva sombra de Nalú. Así mismo, ella dejaría de ser sombra y pasaría a tener una sombra propia.

A pesar de que ya había tenido en cuenta esos detalles en alguna ocasión, no se había detenido pensar la gravedad del asunto y en el momento en que decidió aceptar incondicionalmente la transformación, incontables y pesimistas preguntas pasaron por su mente… ¿Que pasaría si la nueva sombra de Nalú también se enamoraba de él? ¿Qué pasaría si su futura sombra se enamoraba de ella? ¿y si Luna, al haber sido la sombra de Nalú, no soportaba otros colores diferentes al negro y al blanco, a lo claro y lo oscuro? ¿Soportaría el tener que dormir? ¿Seria muy difícil imitar los mismos movimientos que su futura sombra? ¿sería igual al resto de seres humanos o sería una sombra humanizada que seguiría siendo sombra? ¿Se acordaría de su vida como sombra? ¿Qué se sentiría tocar algo, alguien, a él? ¿Realmente sí se cumpliría su deseo? ¿Sería posible?
En los instantes en que la sombra de Nalú estaba recibiendo su cuerpo y se convertía en un ser humano… En Luna,  su alma se fue… murió y su vida tan solo fue vida, por unos instantes tan irrisorios que se podría decir que prácticamente en el mundo humano nunca transcurrieron. Sin embargo, para la sombra de Nalú, o en ese momento ya Luna, fueron instantes infinitos, eternos. Fueron nada más y nada menos que las eternidades necesarias para Amar.

Fue entonces cuando comprendió que al dejar de ser la sombra de Nalú, al dejarlo y no ser su sombra, dejaría así a un lado su propia vida. Su amor por Nalú era tan puro que ella y él eran uno solo… Y en el momento en que dejaran de ser unidad, dependencia…simplemente morirían.

Y ésa es la historia de una sombra que murió, es cierto. Pero también es la historia de un ser humano que amó… Y no por un instante, Sino toda su vida.

Publicado originalmente el 16 de febrero de 2012 en Pensadero de Julián ↗. Se conserva el texto de la publicación original.