← Volver al archivo
Cuentos

Al son de un Son

Julián Arturo Niño Mejía · · 3 min en español
Texto original · Español

“Blanco, azucar y guitarra; negro, tabaco y tambor. Hoy día síncresis mulata, café con leche y bongó. Historia vivida en contradanza, y tango, habanera y danzón, rumba y bembé con que arroya y son que enerva”. Fernando Ortiz – Etnólogo e Historiador Cubano.

Reinier caminaba por la avenida Rancho Boyeros, desde Tulipán hacia la plaza cívica, al compás de la melodía en su mente. Como siempre, en su mente, sólo cabía una cosa: música. No existía más que música y hechos cotidianos asociados a ella. Cualquier suceso de su vida podía recordarlo, sobrellevarlo, superarlo e incluso comprenderlo si lo asociaba con un Son Montuno, un Cha Cha Cha o una Guaracha. Y es que podrán decir lo que quieran de los cubanos, pero si hay algo de cierto en lo que dicen las malas lenguas acerca de su esencia, es que conviven a diario con el son y las notas musicales de sus vidas. Llevan un sabor innato en la sangre, que ni el ron ni el azúcar han sido capaces de quitarles. El viento y las olas de las playas de la Habana, se mezcla con el polvo y la pintura roída de las paredes para crear nada menos que una filarmónica natural. Las palmeras y las siluetas casi que moribundas de los edificios se asocian necia e intempestivamente dando lugar a un sonido delicioso que ningún cubano de la habana se atreve a definir, pero que cualquiera conoce y reconoce.

Reinier sabía que María se la estaba jugando con el negro Celio. En su interior no se detenía el retumbe armonioso de “El Alacrán” del maestro Parmenio Salazar. “Ten cuidado María, que te pica el alacrán, Ten cuidado María, que te pica el alacrán”. La flauta que acompaña dicho coro marcaba los pasos acelerados y asaltados de nuestro protagonista. Reinier aceleraba y se detenía por un instante imperceptible (para el desatento transeúnte), para después retomar el paso contundente.

“(…)Por ser traviesa María, el alacrán la picó…” -Ah mierda, ya lo sabía. Nada de que la va a picá, ya la picó el degraciao. – Pensó en voz alta, casi que gritando sin darse cuenta. Avanzó y avanzó, durante 2 minutos sin pronunciar palabra alguna; aunque de su cuerpo salían letreros, como si ése ser fuera producto de una interpretación en vivo de la Orquesta Almendra o del Trío Pla.

Cuando ya no hubo más notas musicales propias del Alacrán resonando al interior de sus oídos, comprendió que la siguiente pista marcaría su destino y de paso el del negro Celio. Parararaaa Paraaraara. Vaya sorpresa, valga decir esperada, cuando la voz de Rolando Laserie acompañada por la Orquesta de Bebo Valdés apareció en su mente. La Guaracha Son no podía ser más oportuna. “Si encuentro ese hombre lo mato, si encuentro ese hombre lo mato, si lo encuentro vacilando lo mato mamá… lo mato, lo mato, lo mato”. Y es que sepa el lector, que cada “o”, significaba un paso más de Reinier hacia su negro destino. ¡Tenía que encontrarlo antes de que se acabara la melodía! Aún le quedaban 3 minutos y 53 segundos súbitos de vida. La Habana decidiría si serían del negro Celio o de la mental y hermosa composición musical.

Horas más tarde según un amigo de un amigo, cerca del Aeropuerto José Martí y de Mazorra se podía escuchar el hermoso Afro “Facundo”… fara, fara, fara, farafafa… “El cielo se ha puesto feo Facundo… la tierra está abochorná…”.

Publicado originalmente el 16 de febrero de 2012 en Pensadero de Julián ↗. Se conserva el texto de la publicación original.